[Ejercicio #2]. Leamos(nos), parte III

10.09.2021

«Turno de tarde a las 15 p.m.». Por Camila Vera.


Todas queríamos ser reinas. Sí, yo quería brillar y me imaginaba a mí misma bailando en la TV, frente al espejo con los tacones de mi madre mirando el "Mekano". Pero allí, en el Instituto San Pablo Misionero, que era mejor que un liceo y casi asequible pa' la "clase media" nos dijeron que teníamos que sacar un buen puntaje para ir a la Universidad. Y ya entonces no podía brillar, porque había que sacar buen puntaje, porque estaba en el mejor lugar que me podían dar, porque el esfuerzo tenía que ser el doble.

Pero al final, nunca aprendí nada. Con suerte sé sumar, y del inglés nunca supe nada.

(Y ahora le sonrío a los gringos, casi suplicando con mi sonrisa por sus propinas). Perdón mamita, perdón papito.

Y cada día me cuesta más mover los labios para hacer la sonrisa menos cínica. Y ya no quiero ser reina, y mis amigas tampoco. Se nos acabó la fantasía y nos golpeó fuerte la realidad. Algunas de ellas son madres, y mientras crían, bailan, cosen, leen y sueñan.

Mientras la sociedad las burla y las tilda de "luchonas", porque lograron salir adelante sin aquellos que un día les juraron amor eterno, y que hoy les lloran, no precisamente por amor, sino porque no tienen plata para pagar la pensión de sus hijos.

Me desvié de la historia, ya ni me acuerdo de lo que quería contar. También me desvié de la vida, ya ni sé para dónde tengo que ir. Solo sé que ya no quiero estar aquí, porque hace mucho frío y se me están congelando las ilusiones y las convicciones, se me van las ganas de pelear contra los malos, mientras se apaga mi sed de justicia.

Pienso que debería haberles hecho caso a mis profesores y haber estudiado para la PSU, y así abrazaría mi auto de reina, y miraría orgullosa mi título pegado en la pared, en mi departamento de reina en algún lugar de Santiago Centro. Porque tampoco me daría para más, si al final a nosotras no se nos da eso de vivir de Plaza Italia para arriba. Así que mejor me quedo aquí, en el frío. Total, ya no quiero ser reina, y yo creo que mis amigas tampoco, preferimos ser pobres, feministas y aborteras.

Al final lo mejor es no pensar tanto, no pensar en nada; ni en Maduro, ni en el dueño del lago Ranco, ni en la revolución, ni en el destino funesto de mi ser. Ya no quiero ser reina, ni la reina de nadie, y mejor voy terminando porque me acaban de llegar un par de gringos a la mesa cuatro.

Universidad Alberto Hurtado
Literatura Contemporánea
2º semestre de 2021
Profesora: Elena Águila
Ayudante: Genaro Renconret
Creado con Webnode
¡Crea tu página web gratis! Esta página web fue creada con Webnode. Crea tu propia web gratis hoy mismo! Comenzar