[1. Introducción]. ¿Qué hago con el canon?

14.09.2021

Abrir, sustituir o suprimir el canon literario, esa es la cuestión.

Cada opción me parece relativamente adecuada, y al mismo tiempo, insuficiente.

La apertura del canon literario significaría la inclusión de minorías eternamente borradas de la historia, sin embargo, al mismo tiempo significaría conservar a aquellos escritores que se han encargado de suprimir dichas minorías (o que, en su defecto, no han cuestionado su borrado y han escrito tranquilamente desde la comodidad de sus privilegios sin alzar la voz por sus colegas escritores). Me asusta un poco sonar radical, pero de vez en cuando aquellos escritores que son pasivos ante la violencia y opresión no me parecen respetables o dignos de mi tiempo.

La sustitución del canon literario reconocería el error que han cometido los críticos y profesores de literatura al decidir compartir únicamente la perspectiva del hombre blanco heterosexual (y muy de vez en cuando la de la mujer blanca) y reivindicaría a escritores negres, lesbianas, gays, trans, neurodivergentes, asiátiques, indígenas y latinoamericanes. Lamentablemente, este "reemplazo" podría significar el olvido de este error, llevando a profesores y critiques actuales a subestimar la importancia de esta inclusión.

Si debo ser honesta la supresión del canon es la única opción que me parece total y absolutamente inviable, pues creo que intentar eliminar el canon sería como intentar detener la evolución del lenguaje. El canon es tan colectivo como personal. Es atemporal, emocionante y reconocible. La perspectiva de suprimirlo significaría el borrado de la opinión de cada lectore alrededor del mundo, y significaría que cada libro e historia, tanto las escritas por el hombre blanco como por las disidencias y minorías, merecen quedar fuera de lo que se comparte y enseña.

¿Entonces, cuál es la solución? Para llegar a la respuesta, creo que es necesario revisar mi propio entendimiento de lo que es el canon literario. Desde mi perspectiva, el canon es, simplemente, aquello que merece ser leído.

Mi conclusión (algo apresurada, quizás, pero con la cual me siento cómoda) es que es necesaria la sustitución del canon literario, pero teniendo siempre presente el hecho de que su sustitución sucedió por una razón.

Esa razón es que distintas personas entregan distintas perspectivas de sus experiencias y del mundo que les rodea. La calidad de vida y experiencias de un hombre heterosexual jamás serán las mismas que las de una mujer trans lesbiana, por ejemplo. Cada escritore entrega en sus cuentos, libros y poesía mundos enteros que muchas veces nos son absolutamente desconocidos. Es por ello que, debido a sus autores, el estudio de la mayoría de los grandes clásicos me parece anticuado e innecesario, porque es una perspectiva genérica exhaustivamente explorada y conocida.

Exijo desde mi experiencia como lectora (y mujer bisexual) la existencia de un nuevo canon, uno homosexual, trans, autista y racializado, un canon lleno de opresión, rabia y amor apasionado. Un canon que me llene y me atraviese como una bala, un canon que se desborde de mí y me emocione como ninguno.

Sustituir el canon. Esa era la cuestión.

Antonia Rubio.

Universidad Alberto Hurtado
Literatura Contemporánea
2º semestre de 2021
Profesora: Elena Águila
Ayudante: Genaro Renconret
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